viernes, 20 de septiembre de 2013

Transitaria, 3.




Sublimes



Y no me canso, no, no me canso de repetir que el amor todo lo puede. O el alcohol. Quiero decir: que nadie tenga miedo de que yo esté hablando por hablar. Nunca fui un estricto partidario de l’art pour l’art. Sí me gusta, sin embargo, dormir. Y no soy precisamente un necio sabio con cien verdades, aunque entiendo bien de dormir. Soy más bien un sabio sin verdades que demasiado joven, siempre demasiado viejo, vaga de hotel en hotel, de isla en isla, de poliedro geográfico en poliedro geográfico, sospechando que nada es lo que parece, que ni tú, ni yo, ni esta prueba inefable, somos compañeros eternos aunque por cierto bien considerados. ¿No es verdad? Dime: ¿no es verdad? ¿No es tiempo ya de decir la verdad y de reconocer que no tenemos la menor idea de por qué estamos aquí – acaso para amar, odiar, y estar en general – y lanzarnos a la piscina, así, con ropa y todo, borrachos como estamos de vida, ebrios de tanta historia que llevamos a nuestras espaldas y ya comienza a resbalarse como si no se tratase de nada más que de un prólogo, de un comienzo? Y si la vida hubiera sido una novela… no cabe duda de que no podría haber tenido peor comienzo. Por eso estamos aquí, para remediarlo, para cambiar el mundo, para beber ron, para decir la verdad, para disparar con flechas, para escupir salivazos, para hacer el amor, para hacer la guerra, para decir sí, para decir no, para decir a veces, gracias, con perdón. Me voy a fumar un cigarrillo, el último – el penúltimo – de la noche, y voy a hacer un alto para contarte a ti, argonauta mío, quién es tu Jasón. Yo soy un hombre joven, de veintisiete años, que escribe estas líneas encorvado sobre la silla de una habitación de hotel. Corre el año dos mil cuatro, aunque parezca mentira. No hace frío, ni hace calor. Estoy solo. No he consumido drogas, ni he comido demasiada pizza. Simplemente he decidido que tenía mucho que contar, y me he sentado a escribirlo. Ojalá estuvieras aquí para contarte todo esto en vivo y en directo. Lamentablemente, deberás recibir la información en diferido, y probablemente después de muerto – lo que significa que seguiré siendo leído dentro de muchos, muchos años. ¿Por qué digo todo esto? Porque tengo la creencia indomable de que hay que ser sublime sin interrupción, excepto cuando no me apetece.







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