domingo, 20 de enero de 2013

El Silencio. Primera Parte.




EL SILENCIO



Camille Pissarro, La calle Saint-Honoré 
después del mediodía. Efecto de lluvia.



Pero ¿quién de entre nosotros, hombres de hoy,
querría imaginar que sus intentos de pensar pueden encontrar su lugar
siguiendo la senda del silencio?

Martin HEIDEGGER, Carta sobre el Humanismo



 Primera Parte

Días sin música




1

Hablan voces en torno mío,
delgadas líneas, cubiertas de palabras superpuestas,
timbres irreconocibles en la suma,
cadencias inútiles que se pierden,
en definitiva,
cuando con indiferencia, y callado
ignoro lo que dicen desde afuera.
Sé que muchos hablan
y sin embargo, de cuanto dicen
no sé nada.
Creen,
deben de creer
que mi presencia les basta.
Craso error.
Yo estoy, pero no existo.
Me reservo para un futuro mejor.
He aprendido a derivar sin angustia
y dueño de mi destino, me abandono.
De cuanto haga, bien o mal,
culpad a mis instintos. El amor
es para mí una gran incógnita que practico a veces.
Otras veces conspiro.
A menudo construyo largos pensamientos
como suaves caricias plenas de filosofía móvil.
Y todo lo callo.
Si es importante, no lo digo.

Por eso creen que hablan conmigo.
Porque he asumido sin dolor su banalidad y la comparto,
como un niño que juega,
como un niño que duerme,
como un niño.





4 comentarios:

Fina Tizón dijo...

He leído la introducción a este nuevo trabajo tuyo que ha invernado durante una serie de años. Estoy contigo en que es un excelente método dejar una obra dormida sin darle prisas a que despierte porque la perspectiva del tiempo hace ver y valorar con otros ojos y capacita para descubrir posible errores.

El camino de la vida, del yo. Una poesía con una gran filosofia. Intentos de desnudar lo que uno es a vista de los demás y que casi siempre da vueltas en el juego de lo banal; lo que uno cree que es y no siempre se corresponde con la realidad y lo que en realidad es, que casi nunca llega a saberse del todo

En fin, seguire leyéndote y desnudando un poco tus letras con tu permiso, amigo David.

Por cierto, me gusta la nueva imagen que le diste al blog.

Afectuosos saludos

Fina

David Martínez Romero dijo...

Hola, Fina, ¿qué tal estás? Me alegro de que te guste el cambio de look del blog, y sobre todo de que sigas leyendo y desnudando mis letras.

Un abrazo,

David

ÍO dijo...

Comparto esa retirada al silencio, aunque en tus líneas se me antoje a veces como una rendición, y es que... no será mejor acallar al otro que callar tu? No se aprende más de la dialéctica, la discusión, la comunicación y el contraste, que de la lectura o la reflexión?
Está bien ser dueño de tu destino, mejor aún aprender a derivar sin angustia, pero qué arma perderíamos los que residimos en este lado, si ignoras lo que dicen fuera, como dices en tu poema, con indiferencia...
Por fortuna, me llena de esperanza que te reserves para un futuro mejor, y que todo esto, en cualquier caso, lo hagas como un niño.
Abrazo!!!

David Martínez Romero dijo...


Estoy completamente de acuerdo: mi canto al silencio comienza como una rendición, y de hecho es la rendición de la que más orgulloso me siento: rendirme del hablar por hablar y dejar que fluya el silencio como una disciplina. Quizá el silencio hable por sí mismo, y con más contundencia que muchas palabras. En última instancia, es una rendición que comparto y brindo a quien desee conocerla, discutirla, comunicarla, contrastarla, leerla y reflexionar sobre ella . Mi indiferencia es más bien hacia quien tanto hablan sin decir nada (seguro todos tenemos una idea clara de quiénes se trata).

Gracias por tu comentario,

Un abrazo,

David

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