martes, 19 de junio de 2012

Historia de la lejanía, 34.




Dormir



Hace sueño, como fina niebla, lento humo
que debajo de las losas estremece la carne, y tiembla
como suave muerte, que es descanso y roca y alma.
Dureza de espíritu, escarmiento rosa,
universo sin escalas donde apenas brillan las estrellas mágicas,
donde caen palabras huecas que sin embargo prenden
y encendidas las letras se disponen a iluminar el camino hacia la nada.
Todo está vacío.
La noche es noche de incienso.
Entre cortinas de seda y animales que retozan
la dulce humanidad se extingue abriendo paso a la ficción en cadena.
Hace tanto, tanto sueño…
son tan pequeñas las razones para seguir observando…
La noche retoza, el animal se esconde,
los besos del amor nunca prometido giran y giran.
Todas las luces se apagan para dar paso a la negrura.
Duerme el alma, duerme.
Sobre todo, calla.
Que la mañana quiere llegar lentamente,
y el tiempo es la única realidad absoluta que no espera.





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