lunes, 24 de diciembre de 2012

Historia de la lejanía, 56.



Historia de mi silencio



Yo camino, y allá delante mi voz, callada,
también avanza sin destino hacia un lado oculto en la ribera
donde crece piedra y roca y metal y nada
se interpone entre la verdad y mi hastío.
Triste mar que rompes en la arena,
sangre dulce que como sal arrecias en la sombra,
callada, con las manos agotadas cuando llueve,
refluyes hacia un saber que es solamente cosmos, y luz, y aurora.
Fluyes anocheciendo cual ladera de montaña,
impresión de sol fundiéndose hacia dentro,
grácil introspección del ave que, volando, invade.
Y una música te acompaña, en silencio,
procesión de almas en un solo cuerpo,
cuerpo de luces en un solo astro celeste
que abandonado al azar redime la distancia eterna.
Un hombre es una distancia, un silencio,
una voz que, interpretada por el viento, subyuga.
Pasión sin voz, piel sobre piel, amante
de todas las bellezas que pululan por el mundo sin saberse.



miércoles, 19 de diciembre de 2012

Historia de la lejanía, 55.



Esclavos del cielo



Cómo puede subyugar el amor, quebrar
las piernas ayer rígidas,
y de un hombre firme, de una mujer
moral,
de cualquiera,
puede extraer lo antes nunca soñado y convertirlo en piedra.
Lo duro es más real que las ondas etéreas.
¿Quién baila?
El esclavo ciego, tanteando con sus cadenas.
Se abre el espacio:
rey de sombras, emerge sin designios.
Hablan las paredes, grietas
de tiempos pasados hablan,
y dos amantes enajenados sobre el suelo frío
aman y se aman y se pierden en la niebla.
Mi dulce poeta,
te han vuelto a engañar las mismas estrellas,
otra vez los astros que reptan han hecho de ti una estatua,
de tus manos blancas han tejido historias,
cuentos, palabras, rasguños, heridas.
¿Quién baila?
La música silba, como un rayo
disparado al centro de mi pena, y todos lloran
aquella canción que un día, de niño,
sirvió para producir la risa.

Hay grilletes en tu lengua.
Has amado, es cierto,
y a veces sueñas.
Pero el resto del tiempo eres mentira,
eres solamente detritos de leyendas muertas,
con los ojos ignoras y con el alma
te duplicas.
Qué triste es la pasión cuando no encuentra una salida.
Buscas respuestas en el cielo.
No me busques aún a mí.
Yo soy el silencio que yace antes de la filosofía.




miércoles, 12 de diciembre de 2012

Historia de la lejanía, 54.



Las noches bárbaras



¿Quién es esta mujer? Es una sombra
sin pasión cayendo al fondo, llanto
de mar que acontece en breve, forma
silenciada como flor entre dos mares.
No quiere pensar, calla, y corre
fluyendo amor que no corrompe,
cieno, barro con forma de dios hacia el incendio,
torcida labor de amante en cascada.
Luna, como agujas, y dentro,
soledad, mano girando en torno, dedos
solitarios como niños huérfanos.
La ventana, el sol, la muerte,
rosas que mueren, miradas, tus miradas
y mi muerte.
Pero, dice, volveré.
No me olvides en las sombras de la noche agria.
Dice.
Y tuerce.
¿Quién es esa mujer?
Ya no es.
La ya nunca ida. 




miércoles, 5 de diciembre de 2012

Historia de la lejanía, 53.



Bondad del hombre con tristeza a cuestas



No hay vacío que la mar no exprese con su espuma,
ni dolor o armadura que rompiendo contra el filo
la sombra no dibuje en el costado que me sangra.
Es siempre el mismo ruido, una canción de objetos
repartidos por la estancia en penumbra,
imagen del tenor mudo hundido en lágrimas
abriendo sus labios para callar lo inusitado oculto.
El viento mueve las cortinas, la silueta permanece intacta.
A lo lejos, nada.
En torno al hombre, libros, cuadernos, lápices,
un deseo de partir, pero sin rumbo
ni ya fuerza.
Caída libre: condena eterna.
Paredes que impiden el diálogo, silencio
sólido como acero fundido sobre el hueco del alma,
y tras del alma, rincones, capas de polvo,
recuerdos inútiles de un pasado que pululan
como brillos en el cristal de la ventana.
El mar, en la distancia.
Solamente luz afuera.
Y aquí yo dentro, el hombre, el tenor, cantando en silencio
la bondad de esta tristeza que cargo siempre a mis espaldas. 



martes, 27 de noviembre de 2012

Historia de la lejanía, 52. Quinta Parte.



Quinta Parte


Espacio y majestad




René Magritte, La condición humana

* * *



Altura



Lo que cuenta en la distancia es el espacio.
El tiempo
ni siquiera existe cuando el oxígeno se difumina
y como un compás de muerte la sangre se detiene.
Nieve, alfombra de la soledad,
gélida forma reflejando el astro sol
como por encanto,
medio en serio, medio en broma,
en un deshielo que transcurre eterno cual poema,
en una caída que nunca termina
ni es completa.

Alto, más alto.
Hacia las cumbres que resuenan.
Hondo, muy hondo.
Mi corazón se encoge, el alma
se me ilumina.
Todo está siempre lejos,
mi sola mano lo abarca,
pero es aire, el mundo es aire, la realidad
etéreamente se me escapa.
¿Quién soy yo? ¿Quién
es este joven que habla?

Ayer joven, hoy durmiente,
mañana eco en las montañas.
Tengo frío, pero soy feliz
porque aún siento.
Todavía tengo una razón para vivir: llegar más lejos.
Subir más alto mientras desciendo más adentro.





viernes, 23 de noviembre de 2012

Historia de la lejanía, 51.



Hay un jardín de lluvia



Hay un jardín de lluvia en mi pensamiento.
Hay flores, y risas como hadas que tienden sus brillos hacia el norte.
Poemas como pétalos que se abren, y sus lágrimas
dibujan ideas más allá de los colores. La música
asciende en progresión lírica,
recorre cuerpos celestes que en mi mano se recogen
cuando la luz súbitamente se desata
y en forma de gota caída redime al centro,
y en armonía salvaje su presencia justifica.
Alud de ondas versátiles,
ondas que van y besan,
silencios de ida y vuelta.
Sueño, despacio, como roca,
como lenta aguja que reza,
espíritu en agonía plana hacia la alborada,
lacio pesar que gira y en la espuma
deposita su verdad que es un planeta.

Agua de cielo en mis ideas.
Azul y gris y rojo y agua.
Ojos que miran hacia dentro, paz.
Digresión total del intelecto. 






jueves, 15 de noviembre de 2012

Historia de la lejanía, 50.



El amor no es una nada



Qué violencia tan extrema – el mar.
Una pasión arrecia y entre miradas de púlpito
los animales corren a dotarse de sentido en la maleza.
Puede pensar que llueve, el horizonte insano,
o calibrar excusas afiladas como pétalos,
tomar la colina,
rodear la verdad con sus mentiras azules.
Una rosa cae, y ya es nada.
Esconded pronto los dedos, el otoño
tiene muchas formas y siempre todas ellas se abren paso a través de la garganta.
Un hombre solo – un arma.
Disparad, prended la mecha que indefectiblemente escala,
esa roca que se anega y hiende
como sombra de amor poblado hacia unos labios,
sensación mortal de haber existido antes
cuando la castración de todo era un supuesto inmejorable y ronco.

No mientas, caridad.
Arañas de afilados dientes pululan.
Ataúdes, habitaciones, hospitales.
Mujeres estériles por los rincones húmedos vagan.
Ved entre la multitud que es todo falsedad,
que no se aman,
que palabras son escritas con escarcha,
que sólo quieren dinero y cosas y objetos que se rompen o bien duran
aunque nunca duren para siempre.
Todo eso es nada.
Toda esa cantidad es ficticia.
Y sin embargo el amor no es una nada.
Hay fragmentos de amor mayores aún que el universo.
Besos incomprendidos entre pequeñas figuras de porcelana,
hombres, niños, gatos, perros, serpientes,
todos aman, y así superan
el temible fragor del gris supremo
encendido en predicciones obscenas como mundos en retirada.

¿Quién lo supo?
El poeta, aquél que canta
y en silencio se consume, quizá aliviado
porque su voz es luz y atraviesa el tiempo sin miedo a las distancias.
Lejos, más lejos.
Tarde, mas nunca.
Quizá sólo son palabras.
Pero hay algo más,
lo sé
porque mi piel me arde.
Y es mi propia voz quien me mata. 






martes, 6 de noviembre de 2012

Historia de la lejanía, 49.



El sol no es un fragmento



Si calor emana, si de su centro
refulgen como dedos de fuego altos envites,
si desde el lado profundo de su mar dorado
chocan olas de magma y brotan semillas hacia lo imposible externo,
entonces no puede ser fragmento, sino símbolo.
Luz de toda luz, fuerza nacida para ocultar la sombra.
Quizá carcajada cósmica.
Sólo la risa de un dios podría perdurar en el frío inmenso,
frío o soledad que entre océanos de nada ruega por una presencia
cuando el tiempo, expandido, ya no existe.
La piel se dora, lámina de brillos y rubio pelo
encendido,
y los ojos, entornados como caballos negros,
se tornan descreídos, niegan el paisaje
para solamente recibir presión de la luz, mariposa incandescente.
Es así el amor, si verdadero.
La luna es así, cuando muge desde arriba,
paciendo entre nubes de desgastada cadencia,
huidiza como ratón que juega y confunde.
Pero la plata es fragmento, únicamente el oro quiere todo,
baña todo,
todo lo transforma a su imagen y semejanza.
También el hombre ansía totalidad.
Por ello prende fuego en los campos y en los bosques,
por eso impone pensamientos que nada significan
y es capaz de morir en el cadalso sin haber amado nunca.
Pero vivir sin amor es otra forma de morir despacio.
Y la perdición del hombre es la mentira. 





martes, 30 de octubre de 2012

Historia de la lejanía, 48.



La fiesta de los sentidos



Caer por tu piel es un incendio,
una guerra de luz entre divinas sombras,
conquista perpetua de labios que se esquivan
como flores de acero en un mar zaherido de tormentas.
Te oigo suspirar, y tus gemidos vuelan,
corren hacia el sol como gacelas,
regresan de repente o nunca
y se posan en mis límites,
tus suspiros me radican,
tu voz entrecortada cuando mis manos te tocan.
¿Eres azul?
Sin duda, vives sostenida.
Alegremente dejas que me hunda en tus grietas
y sonríes, abandonas
regalos de placer por tu cuerpo, y con mis labios
me alimento de tus palabras,
me sumerjo en tus caricias.
Déjame dibujar con mi lengua superficies,
permite que te contemple con mi boca.
Iluminada por mi sangre, navegas en mis venas.
Te oigo, te siento, me estremezco
viéndote gozar, entiendo
por qué la vida es en absoluto eterna. 





martes, 23 de octubre de 2012

Historia de la lejanía, 47.



El alma de un artista



Suavemente el silencio cae como blanco pájaro
abriendo agujeros en las nubes, por donde atraviesan haces de luz
rotos en agujas de escarcha que fluye, lenta muerte de magma
sobre las manos nuestras ayer entrelazadas,
hoy perdidas bajo tierra.
Porque el polvo se ha comido los cuadros de la biblioteca:
aquellos libros, donde soñando prometimos
amor inmenso y placer y caricias,
se han perdido, como el polvo, como pájaro blanco que se eleva.
Páginas y más páginas de imágenes grises, fragmentarias,
me recuerdan la inutilidad de todas las rosas y sé
que la belleza muere,
que la mujer es hermosa y su hermosura brilla,
que el empuje ineluctable del tiempo arrecia
y como ola llega y se va como espuma.
Suavemente, de una lágrima
brota magnífica toda la filosofía,
todo el conocimiento de la verdad, de la noche, del azúcar,
todo cuanto es digno de ser sabido o besado,
lunas de cristal con los párpados muy abiertos
como si un animal albino hubiera cruzado la estancia 
a la velocidad de una sonrisa:
quizá un ángel…
quizá el alma de un artista.




martes, 16 de octubre de 2012

Historia de la lejanía, 46.



Después de mí



Siempre crees que la primavera surge cuando más la necesitas.
Pero es mentira.
Tú misma corres hacia el amor, pero no amas,
no ves que la luz evita sin cesar esa alta cumbre
donde solamente yo te espero aun sabiendo que no llegarás nunca.
Eres pura, mas inversa.
No te entiendo, y la ignorancia me quema,
te busco con toda mi inteligencia y a pesar del miedo,
te quiero con toda mi alma aunque esta guerra
que es luchar por ti me anula,
me certifica y me consume,
hace de mí una nada, obligándome a no serlo.
Siempre has caminado con la mirada perdida.
Y ahora yo me pierdo en tus ojos vacíos,
incapaz del silencio, henchido de triste música,
aleteando torpe como un pájaro sin nido que busca paz sobre las nubes
y no la encuentra.
¿Por qué llorar?
Tuyas son mis lágrimas.
Tuya mi lealtad, mi espada te pertenece, clávamela
entre las costillas, y arranca.
Vivir es simplemente una huida,
tú no estás
y yo no siento otra verdad que tu ausencia.
Sé – siempre lo he sabido –
que mi sentimiento de la vida es trágico,
que mi amor es trágico,
que mis manos son en cada línea una tragedia,
pero nunca te he engañado,
desde el comienzo te dije
que más allá del gentío nadaba un pez en aguas turbias.
Mi espíritu,
baldío
aunque sembrado de duda santa,
siempre supo que tú no serías mía.
Acepto la realidad
que me ha sido dada,
tan sólo pido
una oportunidad para seguir viviendo después de ti,
para demostrar al mundo que incluso de mí mismo prescindo,
que me debo a mi tarea.
Pero ya no estás,
y te sigo buscando con mi cuerpo,
mis brazos te buscan,
mis dedos te palpan, sombra de un pasado
que no volverá nunca.
No puedo pedir perdón.
Sin embargo, puedo desearte felicidad eterna.
Lo que siempre quise para ti, sea,
incluso después de mí, y de mis pájaros, y de mi esencia.
Déjame decirte que aún te quiero,
aunque tú no estés y aunque tú ya no me quieras.





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