sábado, 17 de septiembre de 2011

Historia de la lejanía. Primera Parte.


 Primera Parte

 El Regreso



René Magritte, Valores personales

* * *


La ciudad mentida





Regresar, volver a casa, en la mano una guadaña en ciernes,
caminar a ciegas por la orilla sin mar y sin arena,
por el filo, por el abismo, por la nocturnidad que repta
y sin amor, sin especial hastío, regresar al lugar de donde todo procede.
Soñar la luna llena que se completa a sí misma,
el último canto de un ave silenciada durante demasiado tiempo,
demasiado miedo,
demasiadas voces muriendo sobre la nada y al unísono.
Un hombre, mil caminos.
Y sin pensar, desasido de toda referencia al magma,
producir un instinto redivivo que aplaque a las sombras.
Demasiados hombres, demasiados caminos,
son ya demasiadas las jornadas fatigosas
relegadas atrás en un giro imprevisto,
los horizontes quebrantados sin convicción, sin alma,
las ciudades atravesadas con el hombro y derribadas
hasta yacer exánimes sobre la dulce tierra.

El infierno es la ciudad, y son los sueños moribundos del viajero
que regresa, que sucumbe, que se desacredita,
las vacías conversaciones de café cubierto de cenizas,
los cigarrillos deshojados como breves mariposas
que lentamente se pudren y hieden desde el centro.

La forma diáfana de lo que pudo ser,
de lo que alguna vez pudo haber sido
y ahora sólo es símbolo del recuerdo y por tanto de la pérdida.

Regresar a la ciudad que me vio nacer,
después de tanta mentira arrojada al fondo como lastre,
es otra forma de fracasar entre tumbas,
de nevar lágrimas heladas que nunca se llevará consigo el viento.
Y no es tenerle miedo a la tristeza, ni siquiera un ansia estética
de dibujar universos que por sí solos se sostengan.
No es perder, no es lamentar,
no es ni siquiera esta guadaña inútil que pende de mi brazo oculta,
antes bien es un olvidar, un morir anticipadamente,
un pasar del mundo al infierno clásico, arruinada ya la temeridad del héroe.
Ojalá fuera la música,
ojalá un faro vibrante con su punto de luz aportase algo de esperanza al conjunto.
Pero Madrid no tiene misericordia de Dios ni de los hombres:
sus edificios arden desde dentro y en su combustión
se llevan consigo la inocencia, el amor, la virginidad de las almas puras.
El amor. Cuánto penar por amor, y sin sentido.
No, la vida
no es murmullo de paz que se aproxima.
Es guerra que ya fue, que pasó, riada imprevista que de un solo golpe
dio causa, efecto y final enérgico de sí misma.
No, la vida no es silencio:
es antes bien el grito que clásicamente emite el hombre en el infierno.

Y no les tengo miedo, ni al olvido, ni a la vida, ni al regreso,
sólo temo la tristeza que me embarga en los infiernos,
la negra, negrísima melancolía de que quedan recubiertas mis paredes por dentro.






                                                Read the English translation: "The lied city"





1 comentario:

David dijo...

El poema apertura del libro Historia de la lejanía. Iré publicando el resto de poesías que lo conforman de forma consecutiva, en el orden en que se encuentran en el libro.

Saludos,

David Martínez Romero

ShareThis